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Actualmente
el arte desde abajo, el que transforma, el que es libre, el que
interactúa con su entorno más inmediato es silenciado
y por ello silencioso pero capaz de tener fondo y forma en cada
ciudad. Esto ocurre porque el desarrollo macro-urbano ha destruido
el arte popular dejando sólo para sus ciudadanos la cultura
comercial y consumista, dirigida por el poder económico.
Pero el silencio popular habita en mil formas si sabes observarlo
y crea manifestaciones que buscan la vida y la libertad.
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De
París a cada ciudad. Paseando por la historia, en las
calles de París, detrás del olor del rastro artístico
descubres que el arte ya no está adonde estaba. Las calles de
la “boheme” siguen resistiéndose a ser arrasadas por el turismo
demoledor que todo lo devora. Un tipo de turismo que del arte sólo
deja lo más conocido ahogando el encanto del sentir de sus calles
y el saber de sus gentes. Matando el lado humano y promoviendo el consumo
como ocio y cultura urbana.
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Sí,
es verdad, París sigue siendo esa ciudad que descubres en
cada viaje, que te brinda la cara más atrevida y que te descubre
la grandeza cultural. Pero bien sabe el que lo ha vivido de cerca,
que el corazón de París, como el de otras ciudades,
late menos fuerte, vive menos en sus calles para convertirse en
algo más frío y menos humano. Como ya criticaba en
su época Jean Cocteau: “Los museos convertidos
en depósitos de cadáveres” a los que
se les robó el aliento o espíritu. La ciudad pasó
de la cultura de sus gentes a la cultura de sus instituciones.
El
arte popular y las relaciones directas. Durante siglos,
el espíritu juglar ha servido para transformar la dureza
de la vida cotidiana de la gente en ironía y risa. Ha hecho
el arte accesible a todos y ha promovido unas relaciones directas
que durante siglos han servido para trazar lazos de solidaridad
y de complicidad que hoy se rompen en favor de instituciones que
gestionan la cultura y de tecnología que nos aparta de la
realidad.
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El
arte surgido de raíces populares propugna la magia de la ciudad
y de sus gentes y trata de despertar a la población en lugar de
confundirla. Reivindica el espíritu crítico y la calle,
ya que ésta por sus características y por ser centro de
la vida social se desentiende de lo que es arte y de lo que no lo es,
al contrario que las galerías y museos que imponen su lógica
de consumo. Es decir, todo lo que se expone en ellos asume el carácter
de arte si no, no lo es. En cambio, la calle enfatiza la relación
comunicacional, permitiendo que el arte despliegue toda su funcionalidad,
su razón de comunicación y no de mera mercancía sujeta
a la leyes del mercado y del lucro comercial.
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El
arte silencioso. ¿Pero queda un hueco para la expresión
y el arte que quiere moverse al margen del dinero? Sí, es
sueño y es realidad. Personas y grupos de personas que se
mueven reivindicando que el arte es un medio para hacernos libres
y partícipes, no entiende de restricciones y no es propiedad
de nadie. Gente que ya se mueve hacia donde debería volver
la ciudad y hacia donde debería de volver el ser humano:
las fantasías de sus habitantes, su reflexión, su
expresión y su acción.
Artistas
callejeros y grupos sociales que se mueven con cuidado porque saben
que son controlados y mal vistos por los que negocian con la cultura.
Grupos que reclaman la normalización y la no persecución
de los artistas que trabajan en la calle, gentes que regalan su
arte y no niegan el acceso a quienes no pueden pagarlo y que en
muchas ocasiones luchan contra injusticias sociales.
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Ejemplos
concretos existen en cada ciudad. El cómic underground reivindicativo
muchos conocidos en pequeños entornos, los artistas de pinturas
murales que denuncian que en las calles no sólo tienen derecho
de estar los carteles de las grandes marcas. La asamblea de artistas libres,
de una ciudad que prefieren no nombrar, se reúne cada semana al
estilo de los antiguos “ismos” para experimentar juntos compartiendo diferentes
artes.
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Cada
cual expresa y propone respecto de sus inquietudes artísticas
o humanas y juntos se trabajan acciones o talleres que finalmente
salen a la calle en forma de recitales poéticos y musicales,
pinturas urbanas, exposiciones o simplemente salidas a la montaña
para profundizar en la calidad de las relaciones. Para ellos todos
llevamos un artista dentro que se niega a salir por vergüenza
y falta de autoestima y hay que sacarlo porque vivir en sí
mismo es un arte. |
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Otro
ejemplo que muestra muy gráficamente la esencia de este
sentir popular es una muestra de arte que se hizo en Vallecas
(Madrid):
“Un
escenario en el que compartir ilusiones, gritos, aplausos, risas
y sueños. Un escenario callejero en donde la gente pueda
disfrutar de una oferta cultural que normalmente no está
al alcance de todos. Desde los más recónditos lugares
llegan malabaristas, payasos, titiriteros, cuentacuentistas, trapecistas,
bailarines, músicos y todo un sinfín de artistas
que nos regalan su espectáculo.”
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El
arte silencioso de las ciudades es silencioso porque no sale en los grandes
medios pero ruidoso en el mensaje de rebeldía y cambio que introduce
y comparte. Y puesto que la poesía sigue siendo un arma cargada
de futuro nos pide que la saquemos a la ciudad para colorear sus calles.
Fotos:
Empar Torres
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