VOLVER AL INDICE

Ensayo Artículo opinión Reseña crítica Narrativa Poesía Clásicos Lingüística

PALABRAS SIN VOZ

Carmen Javaloyes

LA IMAGINACIÓN EDUCADA, Northrop Frye LA IMAGINACIÓN EDUCADA, Northrop Frye

Northrop Frye (1912-1991), crítico literario de reconocido prestigio, nació en Canadá, donde estudió lengua y filosofía en la Universidad de Toronto, y completó su formación con estudios en teología en el Emmanuel College, ordenándose pastor de la United Church of Canadá (1936). Fue rector de la Victoria University (Toronto University) en 1978, y profesor emérito de literatura e inglés de esta universidad.

En Palabras sin Voz vamos a realizar una aproximación al universo filosófico de N. Frye y abordar de forma educativa -tan del estilo de Frye- su relación con el mundo literario.

El pensamiento de N.F. gira en torno a la filosofía de la literatura, a la comprensión literaria del hombre y la relación de éste con el mundo de ficción. La imaginación educada es un ensayo dividido en seis partes que coincide con una serie de conferencias dadas en la década de los 60 donde pretende dar respuesta a la eterna e internacional pregunta que todo educador recibe en la cara por parte de los estudiantes más espontáneos: ¿Para qué sirve la literatura? Y a partir de esta ingenua pregunta nos derivamos hacia temas más críticos: ¿Afectará el estudio de la literatura a la actitud del hombre ante la vida o será al contrario?

Los críticos literarios han abordado la historia de la literatura como un espejo social, político y religioso de la obra literaria de un autor en una época, pero... ¿El estudio de la literatura puede afectarnos a nosotros, lectores contemporáneos, en nuestra forma de entender el mundo?

Esta es la cuestión que aborda N. F., cómo ve el hombre el mundo y como lo refleja a través del instrumento que posee: el lenguaje.

Pues bien, es cierto que a través del lenguaje el hombre tiene la capacidad de reflejar el mundo, pero no solo el mundo en el que vive, sino también aquél en el que le gustaría vivir, y el lenguaje que emplea para describir este mundo de ficción es lo que podemos definir como el “lenguaje de la literatura”, y es este lenguaje adaptado al modo de describir el mundo el que hace al hombre diferente de los animales y a los hombres diferentes unos de otros -lenguaje natural, científico o literario-: el hombre que emplea un lenguaje literario es diferente del hombre que emplea un lenguaje científico; el hombre-científico describe el mundo que ve, el hombre-artista describe el mundo que quisiera ver, a través de la imaginación es capaz de mostrarse convincente sobre una realidad inexistente, así:

El motivo de la metáfora según Wallace Stevens, es el deseo de asociar, y finalmente de identificar la mente humana con lo que ocurre fuera de ella, porque la única alegría genuina que podemos tener son esos momentos excepcionales cuando sentimos que, como dice Pascal, aunque sólo podamos conocer una parte, también somos una parte de lo que conocemos.” pág. 24.

N. Frye se cuestiona para qué es necesaria la literatura al ser humano a través de las siguientes preguntas: ¿Cuál es la relación del idioma materno con la literatura?, o más sencillo: ¿Cuál es la relación de la lengua natural (inglés, español...) con la lengua literaria?, ¿Para qué es necesaria la metáfora en la vida del hombre?

La respuesta es más filosófica que práctica. Se puede decir que el hombre posee tres niveles de mente y un lenguaje para cada uno de ellos. El cerebro del hombre ha evolucionado de manera diferente al de otros animales de la creación; la principal diferencia estriba en la diferente visión del mundo y la forma que tiene el hombre para describirlo, la capacidad de poder describir lo que ve y lo que siente de forma bella, horrible, siniestra... he ahí el motivo de la metáfora. El hombre tiene curiosidad por el mundo que conoce y por el que desconoce. La conciencia de lo que ve le lleva a describir el mundo a través de los instrumentos que posee: sustantivos y adjetivos ordenados secuencialmente de forma lógica para describir el mundo del que tenemos conciencia; la diferencia entre esta descripción hará que creemos un discurso más/menos científico, más/menos literario, más/menos descriptivo...

El mundo de las emociones sería en principio lo que diferenciaría la descripción científica de la literaria, sin embargo, esto no es del todo cierto, pues es importante tener en cuenta “la voluntad” de querer transformar el mundo que posee el ser humano; esta transformación, que puede ser real o imaginaria, se desarrollaría intelectualmente en ambas, en el primer caso, transformando la realidad de forma científica en aquello que realmente desea en su imaginación... y el hombre posee la cualidad de poseer un lenguaje para cada nivel “mente”.

Filosóficamente hablando, aunque tratándose de N. Frye deberíamos decir “religiosamente” hablando, Frye encuentra en la esencia del hombre un mundo paralelo imaginado, este mundo está estrechamente relacionado con lo misterioso y lo religioso, pues el hombre crea un mundo trascendental para explicar lo que desconoce, y esta característica intrínseca al ser humano es la que se repite en todas las civilizaciones, diacrónica y sincrónicamente, la forma de describir este “mundo maravilloso” ya la encontramos en los orígenes de la literatura, y su lenguaje se convierte en el vehículo de transcribir metafóricamente ese universo inventado; la literatura popular, lejos de ser un conjunto improvisado de ideas, de relatos más o menos marcados por la superstición o los miedos ante lo desconocido, nos muestra un sistema de convenciones culturales que se repiten en una y otra culturas, de manera que encontramos los mismos argumentos en obras griegas, africanas, orientales... tanto en Shakespeare como en Tennessee Williams, tanto en Homero como en Naguib Mahfuz.

¿Qué tipo de realidad es la que muestra la literatura? Al lector poco le importa que los hechos que narra un relato sean irreales, ya que éstos son “verosímiles”; al igual que decía Aristóteles, lo que se narra no necesariamente han de ser hechos reales, sino que han de ser verosímiles, poco importa que describan sucesos futuros del siglo XXV que de la Grecia clásica, ni que las historias que definan a Aquiles, por ejemplo, nunca fueran reales, ya que la literatura transforma los acontecimientos en universales, un héroe es un héroe porque las características de éste son universales en el tiempo y en las culturas.

El escritor traduce ese mundo de modo que no sea ni un observador de la realidad, pues se transformaría en un científico, ni un soñador, porque la literatura no se aparta tanto de la realidad como creemos sino que parte de ésta para transformarla de forma verosímil. ¿Así, qué sitio tiene hoy día la literatura en la sociedad contemporánea?

Cuando una civilización se desarrolla nos ocupamos más del mundo humano, y somos menos conscientes de nuestra relación con la naturaleza. La naturaleza refleja esto, y cuanto más avanzada la civilización más parece ocuparse la literatura de problemas y conflictos específicamente humanos.” pág. 40.

N. Frye expone finalmente la formulación de su teoría crítica sobre la literatura. Es innegable su acervo cultural y religioso a la hora de definir el aprendizaje de la literatura. Según Frye, el sustrato que debe abonarse desde la infancia es el de la Biblia, que describe en paralelo con la mitología clásica; resulta que la Biblia es el referente cultural occidental al que constantemente se recurre a la hora de exponer los universales de la literatura, las historias actuales se relacionan con el subjetivismo que hemos aprendido de niños y que relacionan las historias de odios fraternales con Caín-Abel; el Juicio final con el Apocalipsis nuclear; el infierno y la figura del diablo con la maldad... y lo mismo sucede con los clásicos mitológicos, que nos ofrecen el mismo marco imaginativo universal con toda una serie de motivos secundarios universales que se repiten también en la Biblia: el nacimiento del héroe, el triunfo, el casamiento, la traición y la muerte, su renacimiento: Hércules y Teseo, Abraham e Isaac... las similitudes entre la Biblia y los mitos clásicos se explican fácilmente si consideramos más que la cultura la idea de los “universales”, el patrón mental humano siempre gira en torno a los mismos mitos. Sin embargo, el principal problema con el que se encuentra el lector “actual” (N. Frye se refiere a la sociedad occidental de los años 60, hoy la situación es ya deprimente) es ser capaz de descifrar toda una serie de carencias en el aprendizaje, por lo que la educación ha de ser llevada a través del aprendizaje de los clásicos y de la Biblia para descifrar estos referentes universales, si no sería necesario para encontrar un lector “universal” que éste se formara de forma autodidacta.

En conclusión: NINGUNA SOCIEDAD HUMANA ES TAN PRIMITIVA COMO PARA NO TENER NINGÚN TIPO DE LITERATURA.


©Realidad literaL
Actualidad Crítica - Ensayo - Poesía - Narrativa - Clásicos castellanos - Lingüística- Clásicos universales