VOLVER

Ensayo Artículo opinión Reseña crítica Narrativa Poesía Clásicos Lingüística

Maribel Carbonell

Las Mil y Una Noches, de Antoine Galland

Debemos el conocimiento de estos cuentos a la traducción de Antoine Galland. Galland empezó a traducir Las Mil y Una Noches en 1703. Seis años después, un sirio de Alepo, le contó una multitud de cuentos del mismo ciclo que no figuraban en el manuscrito que Galland había traducido. Una de esas historias que le contó a Galland era la “Historia de Aladino o la lámpara maravillosa”.

Esas historias fueron creadas para la tradición oral, y durante siglos existieron bajo esta única forma. Al poco de publicarse su traducción, conoció un gran éxito, consecuencia de la moda del momento que favorecía todo lo exótico y su genio para contar historias.

La historia que sirve de marco al conjunto y que le da cierta coherencia es de origen hindú, aunque encontramos ciertos cuentos que pertenecen a la tradición persa.

La historia-marco que es la razón de ser y el enlace de los cuentos, de tan diferente naturaleza, explica por qué cada noche, de forma ininterrumpida, se cuenta un cuento o parte de un cuento. Posee también el mérito de demostrar que los cuentos de hadas son capaces de mejorar radicalmente la vida del oyente.

En el mundo occidental los dos cuentos-marcos más conocidos son los que inventaron Boccaccio en su Decamerón, y Chaucer, en Los Cuentos de Canterbury.

El plan de conjunto de Las Mil y Una Noches es diferente de los dos anteriores. Todos los cuentos son narrados por una única persona, Shaharazad, y a sólo dos oyentes, y todo ello de acuerdo con la situación expuesta en el cuento-marco de la que se habla de vez en cuando en la colección. Se supone que Shaharazad se dirige a su hermana pequeña, Dinarzad, de una forma muy íntima, cuando en realidad todos los cuentos están destinados a que los escuche el rey Shahriyar.

La colección, a pesar de su nombre, nunca pretendió incluir mil y una historias. Probablemente se eligió este número porque, en las culturas dónde estaban difundidos estos cuentos, simboliza el infinito; da a entender, sencillamente, que en realidad existe un número limitado de cuentos similares, salidos todos de la misma fuente folclórica inagotable y que por consiguiente habrían podido encontrar un lugar en la colección.

La intriga del cuento-marco exigía que las historias estuvieran fragmentadas; en cuanto apuntaba el alba, Shaharazad interrumpía el cuento en el momento más apasionado, más angustioso, para que el rey, ansioso por conocer la continuación, esperase con impaciencia la noche siguiente. “Mil y una” corresponde al número de noches que el rey y Shaharazad pasaron juntos y en el curso de las cuales la joven le contaba parte de una historia.

Se pueden distinguir tres tipos de cuentos-marco: El primero tiene como pretexto que una o varias personas piden a alguien que cuente una historia para el mero placer de sus oyentes. Los otros dos, son más dramáticos, el uno es un pretexto para ganar tiempo, el otro permite al cuentista pagar un rescate. El primero de estos dos últimos supone que el hecho de contar una historia -con tal de que esté bien elegida- permite retrasar un acontecimiento trágico que está a punto de producirse. El último tipo de cuento-marco anuncia de entrada que una persona, a la que amenaza un grave peligro, será liberada si a cambio de ello se cuentan excelentes historias.

Para comprender el alcance de un cuento-marco que promete extraordinarias recompensas a cambio de una buena historia, hay que considerar las condiciones de la época preislámica y los comienzos de los tiempos islámicos, en el momento en que empezaron a ser reunidos los cuentos. Se trataba de una sociedad donde las distracciones eran raras o inexistentes entre ciertas capas de la población. Pese a la dureza de la vida del desierto, una mayoría de personas aspiraban a la civilización, aún siendo iletradas. En esas condiciones contar una historia no sólo favorecía contactos humanos tranquilos y gratos, sino que también era ocasión de demostrar el nivel de cultura y, para el oyente, de considerarse una persona civilizada. Todo ello explica por qué el público podía aceptar que una historia introducida por un cuento-marco pudiera servir de rescate o salvar a una persona.

El cuento-marco del Las Mil y Una Noches mezcla hábilmente los elementos del cuento-marco dilatorio y los del cuento-marco rescate. Pero el tiempo que es preciso ganar se extiende a lo largo de las mil y una noches del conjunto del ciclo, durante las cuales el rey Shahriyar no sólo debe cambiar de opinión sobre un tema concreto (la naturaleza y el valor de las mujeres) sino también modificar totalmente su personalidad. Y el rescate atañe a la vida de todas las jovencitas vírgenes del reino y en particular de la propia Shaharazad.

Bibliografía:
Los Cuentos de Las Mil y Una Noches. Bruno Bettelheim. Editorial Crítica.

©Realidad literaL
Actualidad Crítica - Ensayo - Poesía - Narrativa - Clásicos castellanos - Lingüística- Clásicos universales