VOLVER

Ensayo Artículo opinión Reseña crítica Narrativa Poesía Clásicos Lingüística

Carmen Javaloyes

El Libro de Calila e Dimna

El libro de Calila e Dimna. Manuscrito conservado en el Escorial

España, por su posición estratégica, fue pionera en la introducción en Europa de la tradición cuentística oriental. La India era una de las primeras culturas que empleaba el cuento y la fábula con intención educadora, pues en su tradición oriental se encuentran una serie de cuentos y fábulas hechos por budistas para la enseñanza de príncipes y nobles. De la India pasaron a Persia (Irán/Irak) desde donde nos llegaron a partir de dos crisoles bien diferentes, el de la tradición musulmana por el Sur de Europa y el de la tradición grecolatina a partir de la antigua Bizancio y el Oeste europeo.

En el siglo XIII aparece en romance castellano la primera traducción del Panchatantra (s. IV-V) recopilación de cuentos y fábulas procedentes de la tradición india. El Panchatantra está compuesto por cinco libros donde se transmiten las reglas de conducta para príncipes y reyes de la tradición religiosa budista. Los budistas pensaban que las normas de comportamiento de determinados animales eran idóneas para asimilarlas con las de los perfectos gobernantes, ya que el orden de la naturaleza es la norma por la que se rige el mundo.

El Panchatantra pasó en el siglo VII a Persia, y en el siglo VIII ya encontramos la primera traducción para el mundo islámico, de donde llegará a Occidente. A su paso por los diferentes países islámicos varió la estructura de la obra así como también el nombre. Alfonso X el Sabio tradujo el Panchatantra como Libro de Calila e Dimna, que son los dos personajes principales de la obra, dos lobos que cuentan una serie de normas de comportamiento en la Corte del Rey de los Animales, el León, con numerosos cuentos a modo de exempla que sirven para el aprendizaje de príncipes y nobles.

El marco narrativo del Libro de Calila e Dimna es muy parecido al del “Ars praedicandi”, pues encontramos un diálogo entre un sabio y un hombre, estructura que se difumina según nos adentramos en el libro a una sola frase o a una referencia textual. La estructura de la obra es la típica de las “cajas chinas”, tan característica de la literatura oriental:

En el prólogo se nos introduce en la intención de la obra, aparece la figura de un Hombre (que continuará a la largo de todo el libro); se trata de un filósofo que busca la fuente del saber, y en busca de ésta viaja a lo largo de todo el mundo conocido tras la planta de la sabiduría; sin embargo ésta no existía, según le indicaban los diferentes sabios que iba encontrando en los diferentes reinos y que antes que él ya la habían buscado sin éxito. Esta es la esencia del libro, la sabiduría se encuentra en los cuerpos, y como siempre está oculta, las historias y las fábulas del libro no son sólo para el deleite de los sentidos, sino para encontrar en el interior del hombre la verdadera sabiduría.

A partir del capítulo III, el filósofo comienza a contar los cuentos, aquí nos encontramos un nuevo marco narrativo a la manera de las “cajas chinas” al que estarán unidos el resto de cuentos. Así, hasta el capítulo III encontramos el marco narrativo de la conversación del sabio con el hombre, pasando después a una estructura más compleja, en la que el filósofo cuenta la historia de la corte del rey León, y a partir de entonces son los lobos Calila e Dimna quienes introducen el resto de cuentos, donde incluso encontramos otros narradores que cuentan nuevas historias.

La mayoría de estos cuentos tienen como función demostrar algo, pues el saber tiene una finalidad práctica, pues en la corte feudal son muy importantes las relaciones que se establecen entre los nobles con la diferente escala social.

Cuento VIII
Sobre el religioso y el can. Cuento del hombre que hace las cosas sin pensarlas al regresar a su hacienda

Dijo el rey al filósofo: “Ya oí este ejemplo -cuento VII- y lo entendí; cuéntame ahora el ejemplo del hombre que hace las cosas sin albedrío y sin pensamiento y que retorna a su hacienda”.

Dijo el filósofo: “El que hace sus cosas sin pensar siempre se arrepiente, y esto se asemeja al ejemplo del religioso, del perro y de la culebra”.

Dijo el rey: “¿Y cómo es el cuento?”.

Dijo el filósofo: “Dicen que en tierra de Xorxen, había un hombre muy religioso que tenía una esposa que tardó largo tiempo en preñarse; cuando al fin consiguió quedarse embarazada, su esposo, muy gozoso, le dijo:

-Alégrate, pues por Dios que parirás un hijo varón, cumplido de sus miembros, con que nos alegremos y del que nos aprovechemos; así, quiero buscarle un ama que lo críe, y buen nombre que le ponga.

A lo que dijo la esposa:
-¿Por qué hablas lo que no sabes? Calla y confórmate con lo que Dios te diere; que el hombre entendido no afirma las cosas inciertas, ni juzga las venturas, pues esto solo lo hace Dios, y que sepas que quien quiere contrastar las venturas y juzgar las cosas antes de que sean, le sucede lo que le acaeció al religioso, que vertió la miel y la manteca sobre su cabeza.

Dijo el marido:
-¿Y cómo fue eso?

Dijo la esposa:
-Dicen que un pobre cada día salía a pedir limosna a casa de un mercader rico, pan y miel y manteca y otras cosas de comer. Y comía el pan y los otros comestibles, pero guardaba la miel y la manteca en una jarra, y la colgaba a la cabecera de su cama, hasta que un día se llenó la jarra. Y sucedió que se encareció la miel y la manteca, y estando una vez sentado en su cama, comenzó a hablar entre sí y dijo así: ‘Venderé lo que está en esta jarra por tantos maravedíes, y compraré con ellos diez cabras, y cuando estén preñadas parirán al cabo de cinco meses’. E hizo cuenta de esta guisa, pero pensó que necesitaría cinco años para conseguir cuatrocientas cabras. Así dijo: ‘Las venderé y con los maravedíes compraré cien vacas, por cada cuatro cabras tendré una vaca, y tendré simiente, y sembraré con los bueyes, y con los becerros y con las hembras tendré leche, y antes de los cinco años pasados tendré de ellas y de la leche y de las mieses algo grande, y labraré muy nobles casas, y compraré esclavos y esclavas; y hecho esto, me casaré con una mujer muy hermosa de gran linaje y noble, y tendremos un hijo varón cumplido de sus miembros, y le pondré muy buen nombre, y le enseñaré buenas costumbres, y le castigaré con los castigos de los reyes y de los sabios, y si no recibe castigos ni enseñamiento, le pegaré con esta vara que tengo en la mano para hacerle mucho mal’. Y diciendo esto alzó la mano y la vara, y dio con ella en la jarra que tenía en la cabecera de la cama, quebrándose y derramándose la miel y la manteca sobre su cabeza. Así, tú, esposo bueno, no quieras hablar ni armar lo que no sabes que será.

Así parió la esposa un hijo cumplido de sus miembros, y fueron muy gozosos con él.

Y sucedió un día que se fue la madre a un recado, y dijo al marido:
-Cuida a tu hijo hasta que yo vuelva.

Y la esposa se fue, y estuvo él poco tiempo en casa, pues se le antojó que tenía que hacer alguna cosa que no podía excusar, y dejó para que guardase al niño un can que había criado en su casa. Y el can lo guardó cuanto pudo, pues estaba bien enseñado. Pero había en la casa una cueva con una culebra negra muy grande que salió para matar al niño. Y el can cuando la vio saltó hacia ella matándola y lo ensangrentó todo.

Al volver el hombre de su mandado, salió el can a recibirlo a la puerta con gran gozo, mostrándole lo que hizo, pero él, cuando vio al can todo ensangrentado, perdió el seso pensando que había matado a su hijo, y dio tal golpe al can hasta que lo mató, y después entró y halló al niño vivo y sano, y a la culebra muerta y despedazada, y entendió lo que realmente sucedió, y comenzó a llorar y a arrepentirse.

Y estando en esto entró su esposa y le encontrón llorando, y le dijo:
-¿Por qué lloras y qué es esta culebra que veo despedazada y tu can muerto?

Y él le contó lo que le sucedió con el can y la culebra, y su mujer le dijo:
-Éste es el fruto del apresuramiento, y del que no mide la cosa antes que la haga, y que sea bien cierto: arrepentirse cuando no tiene remedio.

©Realidad literaL
Actualidad Crítica - Ensayo - Poesía - Narrativa - Clásicos castellanos - Lingüística- Clásicos universales