VOLVER

Ensayo Artículo opinión Reseña crítica Narrativa Poesía Clásicos Lingüística

Pablo L. T.

POEMA PARA UNA PALOMA MUERTA

 

Se han desprendido de nosotros las ballenas
Y ahora cuando es un milagro recordar
Y estoy solo

Las escucho
Detrás de las paredes
Y tu sexo llevar a mi boca una muerte de adormideras
Y una playa de piedras verdes
Donde hacerme trizas
Y a tu vagina un agua
Que mis dientes enrojecen
Y a tu piel una convulsión de manchas púrpuras

Ahora me veo lejos, muy lejos
Parece que he llegado a un lugar
Su frío es insoportable, tiene enredaderas
Como el aire es sucio aquí, y he vomitado
Llego a lo que parece ser el cielo
No es más que un enorme brote de tendones
Imagino fácilmente cielos más rotos, tensos
Rasgados, imagino discursos más violentos
Pero este cielo parece habernos reverberado a los dos
Parece ser lo que ha pasado esta mañana
Y realmente estoy llegando de nuevo

Aquí el frío nos había despertado débiles y enfermos
Un brote de intimidad
Dejaba en la cama olores cansados
Por fin tengo derecho a saludar a personas que no conozco
No hay ya ningún olor donde te reconozca

Ha habido acontecimientos
Recuerdo la verja pintada de negro
Un gran vestuario, exigencias, en otros lugares
Se habla de las carpas
blancas, rosadas si mueren ahogadas
en enormes cantidades, por ejemplo hay una hermosa fuente en los jardines de San Ildefonso

Hay en esas redes tensas y verdes
Que soportan la carne floreciente de las carpas
Hay cansancio
Un laxo cansancio de sexo

Caías en jirones
Ay, al suelo ha caído una mancha
Se muere, calla y se muere
Por cada rama de jacinto
Que puedes decir que no estén llorando ya
El principio de Enero, donde se tumba toda una lujuria
Y sus legajos
En la arena muerta de sus dientes
Su meridiano, sus amantes duermen con lujuria en la punta de sus cabellos
Y los ancianos polinizan.


Tapicerías Madrás y Mojacar en la calle Ayala
Así como el garaje Versalles, en el número 45
con frecuencia repito la misma operación
llegar hasta el cruce de Núñez de Balboa con Hermosilla
llevar tras de mí un lento desangrar de niños
con los brazos en cruz
pararme donde sea
recogerme ante los dorados escaparates
herido y viendo los anuncios

Justo allí una paloma ha muerto
un coche le destrozó toda
y mansa, complaciente, se dejo llevar
hasta el sórdido aliento que ahora me toca ver
parezco un catecúmeno recogiendo encuclillado su cuerpo donde ya las algas se disponen en una majestuosa orfebrería:

pálida demencia de casas roncas
un nácar rosa allá donde se enroscan los
jirones de carne
bella, caída de puro rubor
adorno errado de un cuerpo infantil:

He aquí los claros de mi intimidad
parcelas transitadas por
pies descalzos, un leve halo de vidrio
renacuajos negros, inconscientes de cuyos cuerpos
brota mojado el algodón
algo así como el olor primero de los sexos.

Pero tú, dentando los exilios
Con tus adelfas y tripas bermejas
Solo traes regocijo a los paseantes, clientes del café
Y más cháchara, o incluso alguna diversión
Pareces una mendiguita
Sometida a los lugares comunes
Y a sus hondos hijos
letanías de ciudadanos y pestes
políticas,
ágoras, diluvios lentos, y minutos; tedios

pese a la escena y el asco, revistes dignidad
y tu obscena muerte pone un silencio de paño lujoso
al cruce de calles y a sus puertas.

***

Te abres cuando encoges tus manos en el pecho
pecho de polen blanco, cuando arrastras reatas de almendros hasta
tu cuerpo
yo enmudezco
y ocurre que hay cabellos que se arrancan
niños que lamen un placer en la brea
de los tejados
hay sexos en los desgarros
hay cuantas cosas queramos oír en
esta hojarasca

Como olvidar que más tarde
nuevamente te descubres desnuda
para morder, ay, estos harapos de mi rostro
te descubres blanca y lento dejas caer
hasta mis manos un hueso de jibia blanco
caes a mi cuerpo y tu boca
besa y fermenta un olor de sabanas hiedra y lana
un olor que duerme a los almendros
muy cerca de tus labios

Me haces de repente callar
hay que callar en las estaciones
y verlas pasar
allí afuera los cortejos estallan
como vidrios
dime que no se rompe hoy por tocarte
he frecuentado hoy desfoliados cajones
y lugares comunes: lechos donde tocar
satisfacciones pueriles, allí un cruce de calles
allí políticas y hombres, trozos
enjambres, óxidos, letanías
allí se baten ciudades y proyectos, pestes

Que no se desmayaría hoy por ti

he aquí los claros de tu intimidad
parcelas transitadas por pies descalzos, un leve halo de vidrio
renacuajos negros e inconscientes de cuyos
cuerpos brota mojado el algodón
algo así como el olor primero de los sexos

he aquí que te descubres
y desnudas en mis manos un olor a tierra

repetir y repetir, a mi las vaguedades y misceláneas
acato mis ejercicios, los estilos
desde años recopilo cartografías
donde los cafés esparcen líquenes
con sus belfos de vaho sobre las lunas
poco o nada que importe en ellas
salvo sus márgenes vacilantes
y luego estoy yo: podría ser terroso
morir exhalando sequedad, es decir
perderme como cualquier cosa en el
destello lento de los barros, luego sales

o podría tener miedo
y así verme en las carpas
destrenzadas en su ahogo y rosadas por el celo
calladas, muertas
pero mojadas en temblores, infección

supongamos que tengo miedo
y he aquí que te descubres.

 
©Realidad literaL
Actualidad Crítica - Ensayo - Poesía - Narrativa - Clásicos castellanos - Lingüística- Clásicos universales