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NOSTALGIA SABINIANA
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J. SABINA Como ocurre muchas veces, las canciones -y más si son del maestro Sabina- traspasan esa pequeña barrera invisible que algunos ven, entre el arte de la literatura y el arte de la música, y se convierten en tesoros que hay que guardar en la memoria porque nos hacen ver la vida desde otra perspectiva. Siguiendo este razonamiento sabiniano, un escritor sentirá nostalgia de aquel libro que nunca escribió o de un personaje que nunca salió de su pluma. Lo mismo se puede decir del lector que no leyó Cirano de Bergerac en su adolescencia, ya que este libro, como muchos otros, tiene su momento en la vida para leerlo, y nunca volvera y lo añorará por siempre. Nostalgia, este sentimiento tan profundo y lejano, en mi modesta opinión, no es sencillo expresarlo en la literatura. Hay que madurar mucho un personaje en un libro, hay que manejar un tiempo y un espacio, dar profundidad al relato, hay que ver pasar estaciones y vivencias para hablar de nostalgias. Porque no se puede tener nostalgia de algo fugaz que sucedió ayer o anteayer (¿o sí?). Se echa de menos, te falta algo, pero la nostalgia es algo más profundo (o eso creo yo). Libros que cuentan vidas enteras (como “Cien años de soledad”) donde los personajes tienen peso específico y sufren y aman y luchan y sienten nostalgias. Cuando hablamos de nostalgia hablamos de pasado. "Cualquier tiempo pasado fue mejor" dicen los nostálgicos. Yo, en cuanto a literatura, no comparto mucho esta opinión. No cabe duda de que cada época, cada momento, cada movimiento tiene sus grandes autores y sus grandes obras. Pero hoy por hoy, en la actualidad hay escritores y se están publicando libros que no tienen nada que envidiar al Siglo de oro español. Lo que hay es que conocerlos, seguirlos, leerlos, y esto a veces no es tan sencillo. No suelo hacerlo, pero me apetece hoy compartir mis nostalgias. A veces recuerdo los juegos del patio de mi colegio y su fuente con su agua fresca. Añoro las largas tardes de primavera conversando con mi novia a la salida del instituto. Echo de menos los partidos de las tardes de sábado de invierno con mis amigos. Pero sabéis una cosa, cuando veo a mis dos niñas preciosas, con toda la vida por delante, con todo lo que nos queda por vivir, se esfuma la nostalgia y me invade un aire fresco de cosas nuevas, de nuevas vivencias que, cuando pase el tiempo, añoraré. En
fin, un buen ejercicio para pasar una tarde de otoño: poneos
cómodos, preparad una taza de buen café y dejad volar
la memoria. A todos nos viene bien de vez en cuando. |
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