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El tiempo pasa. O no pasa.
Hay veces que un instante, un solo segundo se puede definir en una
sola palabra. Hay veces que un libro entero no es suficiente. En
literatura, en este oficio de escribir, de leer y escribir, también
podemos contar la historia de toda una vida, de toda una época,
de todo un tiempo y sus alrededores, en una novela, incluso en un
pequeño poema.
Este es el pensamiento de hoy. Hablando en términos científicos,
el tiempo es una magnitud relativa. Se puede dilatar y contraer.
El tiempo pasa inexorable aquí, en nuestro pequeño
planeta, pero si viajamos por el espacio el tiempo se ralentiza,
viajando a más velocidad el tiempo pasa más despacio.
Digo esto porque también nos podemos encontrar este fenómeno
en literatura. Como he dicho al principio, el tiempo pasa, o no
pasa en todos los ordenes de esta vida, que es la nuestra.
Sin lugar a dudas, toda novela nos habla de un tiempo, de un espacio
definido. Podemos encontrar literatura que hable del pasado, del
presente o del futuro. Una perogrullada, no? Pero esto es una cuestión
importante para un escritor. Cuando y como se va a desarrollar la
acción. Novela histórica, novela costumbrista, novela
de aventuras futuristas.
Los tiempos de los verbos. Presente, Pretérito, Futuro.
(Estoy esforzándome para intentar hablar del tiempo en la
literatura sin poner ningún ejemplo de obras o autores. Seguiré
en esta línea.)
También cabe hacerse la reflexión de que el tiempo
también pasa para el autor. No se escribe igual con veinte
años que con sesenta. El tiempo, el paso del tiempo y sus
alrededores, el transcurrir de la vida y sus circunstancias, las
vivencias acumuladas te hacen ver las cosas de otra forma, y te
hacen escribir de otra forma. También es cierto que grandes
autores han escrito grandes obras siendo muy jóvenes de edad,
pero muy maduros de alma. En fin en esto de la literatura, como
en todos los órdenes de la vida, hay de todo un poco.
El tiempo pasa. Y las obras se leen de otra manera, tanto a nivel
individual como colectivo. Es decir, si lees novela o poesía
romántica con quince años y enamorado de una chica,
no es lo mismo leer la misma obra, treinta años después,
casado y con tres hijos. No es lo mismo.
La obra es la misma pero se te pasó el tiempo de leerla.
La lees, vamos, pero no te llega igual.
Lo mismo ocurre cuando lees un drama inexplicable siendo joven,
y lo relees veinte años después, con otra concepción
de la vida y de la muerte. No es lo mismo. El tiempo y sus alrededores.
Se dice que hay obras universales, que las lees después de
cuatrocientos años de haberse escrito y están de plena
actualidad. Y es verdad, pero el tiempo pasa.
El tiempo pasa, incluso para las hojas de papel. Las que más
suerte tienen se amarillean y conservan alguna dedicatoria o anotación.
Hay libros que con el paso del tiempo terminan en el contenedor
de reciclaje.
Creo que he comentado aquí, más o menos, mi idea del
paso del tiempo. Seguro que me faltan muchas cosas por decir, pero
en realidad tampoco tengo mucho tiempo para escribir estas letras.
No quiero terminar, -renunciando a la promesa que me hice de no
nombrar ninguna obra ni autor en este artículo-, sin decir
que Carlos Ruiz Zafón y "La Sombra del Viento"
me han emocionado últimamente, como a otros miles de personas-
que original-, con su paso del tiempo tan bien deletreado y exacto.
No dejéis de leerlo, si tenéis tiempo.
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