En el cuarto centenario del Quijote, nos sumamos a la celebración
con una serie de ensayos temáticos sobre las características
más sobresalientes del clásico por antonomasia
de las letras castellanas. |
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EL REALISMO EN EL QUIJOTE
A los muchos méritos del Quijote se le suma el hecho de
ser la primera novela moderna. Hasta Cervantes, el término
“novela” en la literatura hispánica se empleaba
como sinónimo de cuento, chascarrillo, sin embargo, Cervantes
empleará la palabra como narración breve de asuntos
cotidianos “novela” con el sentido moderno que ya
se empleaba en la literatura italiana (Boccaccio y Bandello).
Partiendo de este nuevo sentido de la “novela” italiana,
Cervantes modificó las principales características
de éstas hispanizándolas: elementos como la extensión
-por lo general se trataba de relatos muy breves-, de acción
única y desenlace rápido, son transformados en relatos
de extensión considerable, complicados con episodios de
acción compleja, los países fantásticos donde
tienen lugar los hechos con Cervantes se transforman en lugares
tópicos de la España contemporánea... y por
último, otro elemento que subraya este carácter
realista de la narración es la evolución psicológica
que sufren los personajes en su peregrinación por la península.
Todos estos aspectos hacen que consideremos aquí los elementos
realistas en el Quijote.
1.- Elementos que subrayan el realismo
en El Quijote
La ubicación del espacio/tiempo es el primer rasgo que
todo escritor aporta al texto para dar verosimilitud a su relato.
En el primer párrafo del Quijote aparecen ya descritos
el personaje que da nombre a la novela, el lugar en el que vive,
lo que come, su edad:
“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme,
no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza
en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.
Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón
las más noches, duelos y quebrantos los sábados,
lentejas los viernes, algún palomino de añadidura
los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.”
CAP.
I
En estas primeras páginas se nos presenta a un anciano,
su vida, su declive social, sus sueños... se muestra a
un representante de la sociedad rural hispánica, un hidalgo,
clase social más baja de la aristocracia, y que como tal
el único trabajo para el que está destinado es el
trabajo de la guerra. Decide cambiar su vida anodina y marchar
en busca de “enemigos” para dar un sentido a su existencia.
El aburrimiento y la falta de servicio social son los determinantes
que hacen que Don Alonso Quijano se convierta en Don Quijote de
la Mancha.
Cervantes presenta un mundo cercano, La Mancha, sin especificar
demasiado para evitar susceptibilidades, y un protagonista reconocible,
un viejo hidalgo contemporáneo al escritor, elementos todos
estos que apoyan este carácter más próximo
y real. El mundo imaginario de los caballeros andantes es parodiado
y ridiculizado al principio con crueldad para después aflorar
un punto de ternura hacia su propio personaje.
A lo largo de toda la novela se pone en tela de juicio la verosimilitud,
la cuestión de que si lo que cuenta Cervantes es real (manuscrito
de Cide Hamete Benengeli), sobre si lo que ve el Quijote es real
o imaginario, incluso entra en el juego Sancho Panza, el anclaje
de Don Quijote con el mundo real cuando cree que va a ser nombrado
Gobernador de la Ínsula.
El Quijote es también la primera novela que propone un
nuevo tipo de lector que debe sospechar continuamente sobre aquello
que se le cuenta. Hay momentos en la historia en los que Cervantes
insinúa que el morisco Benengeli no es un mero traductor
de la obra, sino que lo que realmente hace es resumir fragmentos
de la historia, distanciándose de ésta y comportándose
también como un lector, se nos quiere presentar como un
simple autor-editor, alguien que ha encontrado un texto y lo ofrece
a los lectores. Sin embargo, también encontramos errores
en esta intención de mero lector, ya que es el propio Cervantes
el que interpreta, selecciona y sobre todo juzga las acciones
del Quijote. El autor del texto es Cervantes, aunque él
dice en el prólogo que no es el padre, sino el padrastro,
refiriéndose a Cide Hamete Benengeli, en realidad éste
es otro personaje de la novela cuya función es la de dar
realismo a la historia que se va a contar.
2.- Otro rasgo de realismo del Quijote
fue la aparición de la segunda parte después del
éxito de la primera y de la versión del Quijote
de Avellaneda.
Don Quijote es consciente de su fama, por eso, por ejemplo, se
niega a viajar a Zaragoza cuando se entera de que el falso Quijote
de Avellaneda estuvo allí:
“-Por el mismo caso -respondió Don Quijote- no pondré
los pies en Zaragoza, y así sacaré a la plaza del
mundo la mentira deste historiador moderno, y echarán de
ver las gentes como yo no soy el don Quijote que él dice.”
Cap.
LIX.
En este juego realismo/realidad aparece otro personaje, Sansón
Carrasco, un estudiante que dice ha leído el libro y que
aparece como personaje en la historia que informa al Quijote de
que un tal Cide Hamete Benengeli ha escrito su vida.
Este nuevo libro desestructura la primera parte publicada, porque
si bien Benengeli es el autor en el que Cervantes se basa para
dar a conocer la vida del hidalgo, el problema surge en que se
nos plantea la paradoja de que Benengeli supiera en el momento
en que escribía el texto de la primera parte que Cervantes
lo publicaría, y que se hace eco de esto para escribir
también la segunda parte, ya conocida y aplaudida la obra
por el público.
En conclusión, la historia, narrada desde el punto de vista
del narrador omnisciente, juega en numerosos momentos con muchos
puntos de vista, como en los episodios que son narrados en boca
de Don Quijote, de Sancho... o del personaje que realiza la acción.
El Quijote es la suma de cuatro mundos diferentes:
1. Intramundo: es el mundo de la voluntad, de los deseos
más íntimos (irreales: deseo de ser algo que no
se es; o reales: deseo de Dorotea de ser noble casándose
con Don Fernando...).
2. Transformado: capacidad verbal de transformar el mundo.
Representa la visión del mundo de Don Quijote.
3. Fingido: es la visión del mundo de muchos de
los personajes, que no creen en lo que verbalizan, pero actúan
“dando cuerda” a Don Quijote.
4. Real o extramundo: mundo en que conviven todos los
personajes y referente incluso del propio Quijote en sus momentos
bajos.
BIBLIOGRAFÍA:
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.
Ed. Edime, 1976, Madrid.
Casalduero. Sentido y forma de las Novelas Ejemplares. Ed. Gredos,
Madrid, 1962.
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