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Soy de la opinión que el costumbrismo ha estado y está
presente en todo momento en la literatura. De forma genérica,
o extensa, podemos decir que cualquier género literario que
estudiemos o simplemente leamos, refleja una costumbre de un lugar
real o imaginario, nos muestra como vive la gente, como son las
calles y las casas, en definitiva, nos muestra la vida de los personajes,
su entorno, sus hábitos, sus costumbres.
Evidentemente, podemos restringirnos al hablar de la literatura
costumbrista y datarla como movimiento literario de mediados del
s. XIX, entre el romanticismo, con el cual se encabalga y el realismo.
Podemos decir que Mesonero Romanos fue uno de los precursores de
este movimiento con su obra “Mis ratos perdidos, o ligero
bosquejo de Madrid”, según muchos estudiosos del tema
en cuestión, como Enrique Rubio. Que la literatura costumbrista
se acercó al pueblo a través de artículos periodísticos
(Larra, el maestro). Que Benito Pérez Galdós alcanzó
la cima del costumbrismo con obras como “La Fontana de Oro”.
Pero no cabe duda que mucho antes del s. XIX y también mucho
después nos encontramos retazos de costumbrismo en la literatura.
El Quijote, -que tan de moda quieren poner ahora por la celebración
de otro centenario más, pero que ha estado siempre de moda-,
nos muestra la vida de los caballeros y los escuderos, nos adentra
en las posadas y tabernas, nos habla de caminos y molinos de aquella
época. No es esto costumbrismo. Se considera una novela de
género caballeresco, pero refleja la sociedad y la forma
de vivir de una época. Costumbrismo.
Como este, cabe citar cientos de ejemplos en nuestra literatura
y en la literatura universal.
Géneros como la novela histórica, el realismo, por
supuesto el romanticismo utilizan el costumbrismo para introducirnos
en la trama, para que entendamos a los personajes y el entorno que
los rodea, en definitiva para mostrar la vida misma de la historia
que se quiere contar.
Difícilmente se puede aplicar el término costumbrista
a la poesía, pero si nos movemos en este razonamiento extensivo
y genérico que hablábamos antes, Antonio Machado,
por ejemplo, nos habla de su infancia -“Mi infancia son recuerdos
de un patio de Sevilla...- describiéndonos la época,
el entorno, las costumbres. Nos habla de sus Campos de Castilla,
de sus rios, de caminos...Seguramente no será un argumento
ortodoxo y los puristas estudiosos no estén de acuerdo, pero
en mi modesta opinión ni la poesía se libra del costumbrismo.
Para concluir recurro a un último ejemplo de la literatura
actual, en la que Antonio Muñoz Molina con “En ausencia
de Blanca” nos describe una época y unos personajes
al más puro estilo costumbrista "ortodoxo".
En definitiva para muchos de nosotros la literatura es vida y la
vida es literatura. Cosas del costumbrismo.
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