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No me llames
Dolores, llámame... “Pasta”
“La
sociedad actual, sociedad de la comunicación masiva, tiene un espejo peculiar,
como es el de los medios de comunicación. La comunicación a través de los mass-media
tiene una expresión de singular importancia en la televisión, por su valor, no
sólo de reproducción social, sino modulador e identificatorio” (Loscertales,
1993).
La Introducción
"...En el mundo en el que vivimos, la
televisión tiene una importancia muy superior a la que muchos le atribuyen,
incluso para aquellos que habitualmente reniegan de ella..."
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El modelo generalista de televisión ha convertido a este medio en una
gran superficie comercial en la que te encuentras y puedes comprar, de todo. La
que popularmente conocemos como “caja tonta” es además una escuela de formas y
saber estar. Una academia audiovisual en la que te muestran diferentes modos de
vida, existentes o inexistentes, a los que adherirse o no. |
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Un modelo que se rige por normas muy precisas. Señas, a través de las cuales, se
hace creer al público que tiene la posibilidad de ser “árbitro y juez”, aunque
no sea cierto.
Su cara más amable nos lleva a su etapa fundacional. Momento en el que el medio
es tutelado directamente por el Estado y posee unas funciones muy específicas:
Informar, Formar y Entretener. Un proyecto, basado pues, en la función de
Servicio Público. |
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Más tarde, su desregulación, que dará paso a la libre competencia, traerá a
Europa un nuevo formato televisivo, la llamada “Neotelevisión” (literalmente,
Nueva Televisión).
Si en el modelo de
televisión fundacional el espectador era el destinatario, la Neotelevisión
impone un modelo comercial basado en el de los medios norteamericanos. Aquel en
el que la publicidad se convierte en, la primera y fundamental, fuente de
financiación.
Si bien es cierto que
las cadenas están limitadas a la hora de su emisión, la realidad es que cada vez
más los tiempos de publicidad son mayores y las multas que pagan los grandes
grupos irrisorias a la hora de hacer frente a las sanciones. Pagos por
infracciones que no representan ni la cuarta parte de lo que ingresan por su
emisión.
Si la antigua televisión
hablaba de público, ahora el término que lo identificará será el de audiencia,
pasando también a la vez, los antiguos programas, a denominarse productos.
Estamos ya ante un claro
proceso de fabricación industrial por parte de las plataformas de televisión.
Una maquinaria puesta en marcha para lograr un solo objetivo: conseguir gracias
a la publicidad, los mayores ingresos económicos. Rentabilidad que pasará por
tres criterios básicos: 1. El sometimiento de los mass-media a la economía; 2. La degradación del espectador y 3. La guerra de audiencias.
El televidente pasará a
ser una mercancía. La mejor presa en medio del conflicto mediático.
El
Argumento
El argumento más
extendido por parte de las televisiones es aquel de que en todo momento se da a
los espectadores lo que éstos reclaman. Y para avalarlo exhiben sus cifras de
audiencia. La mentira, está sobre la mesa: un programa es bueno si es seguido por una cifra alta de telespectadores. Se suele hablar mucho de
“Rating” y de “Share” (cuota de pantalla), dos parámetros que indican tan
sólo cantidades de consumo televisivo; aunque se suele decir muy poco de otro
índice: el de "Agrado” de un programa. Un parámetro existente, pero al que en
muy pocas ocasiones se recurre. ¿Por qué?

Si tenemos en cuenta los
dos primeros, una simple mirada a un día de programación cualquiera al que hagan
repaso, bastará para darnos cuenta de que la gran mayoría de los espectadores
tiene una visión parcial de la programación. Visión fraccionada, en
cuanto que la mayoría ven tan sólo fragmentos, partes de programas y no los
programas en su totalidad.
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Este fenómeno conlleva la
necesidad de crear un nuevo tipo de formato televisivo. Formatos poco rigurosos
que priman en la actualidad y que están caracterizados por su estructura ligera,
fácil y propia de un tipo de audiencia poco exigente que picotea en la
programación. Son los Programas Mosaico. Modelos que facilitan su
seguimiento (fidelización) y la total integración en ellos en cualquier
momento de la emisión. En este triángulo de la seducción, participan la empatía,
la fascinación y el inconsciente. Estrategias psíquicas que las grandes cadenas
emplean conscientemente para captar clientes. |
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La estructura de estos
nuevos programas es sencilla y de fácil asimilación por parte de los
telespectadores. Su catálogo comprende desde determinados formatos de concurso,
pasando por los, tan de actualidad, programas de cotilleo (Tómbola, Salsa Rosa,
Aquí hay Tomate, Mamma Mía, Ahora...), talk-shows (El Diario de Patricia, Caiga
quien Caiga...), realitys (Gran Hermano, La Casa de tu Vida, Supervivientes, La
Isla de los Famosos, Operación Triunfo...) hasta los nuevos formatos bautizados
como reality soap (telenovelas). Subgéneros que crean falsas
ilusiones de
entronización al hombre de la calle, al que se le ofrecen cinco minutos
de gloria durante los cuales poder ser el “protagonista”. Actitudes
engañosas que toman forma a través de mensajes de telefonía móvil en
directo, llamadas telefónicas, petición de tonos “personalizados” para
móviles... |
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Algunas de las
consecuencias de este tipo de televisión son el mayor nivel de manipulación en
los contenidos (todo vale, con tal de conseguir espectáculo); la
trivialización de temas importantes, tratados en muchos casos por personas no
cualificadas (recurso empleado incluso en los informativos para ganar
audiencia; en donde la noticia ya no se valora por su importancia, sino por el
grado de morbosidad generado), la intromisión en la esfera íntima y privada
de las personas y una total carencia de interés por todo aquello que suponga
renovarse.
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La televisión de hoy es
como “un gran puchero” en donde los ingredientes que se combinan son, en
realidad, clones de programas. Formatos y géneros de carácter conservador,
orientados a la consecución del máximo beneficio en términos económicos, que
limitan la creatividad en favor de estrategias de marketing. Marketing
que funciona a la hora de clonar, pero no de innovar. Una excepción la
constituye en nuestro país la proliferación de series de producción
propia con buenos guiones. |
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Producciones
españolas que han logrado desbancar de los puestos de honor de la
parrilla de programas de las principales cadenas a las teleseries
americanas. Como ejemplos podríamos citar, entre otras, a las ya
míticas: Médico de Familia y Farmacia de Guardia o a las más actuales:
Los Serrano y Ana y los Siete. |
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La
Reflexión
Es previsible que esta
forma de televisión continúe su expansión dentro en un mundo hastiado que
busca cada vez nuevas, aunque no siempre buenas, formas de entretenimiento.
Estrategias que le lleven al espectador a evadirse, aunque tan sólo sea por un
instante, de la cruda y dura realidad.
Queda claro que la televisión es una industria, y que depende de nuestro
consumo su éxito o su fracaso. Triunfo o derrota de iniciativas que muchas
veces aceptamos porque nunca nos han mostrado alternativas. Porque la otra
cara de la moneda, la de las encuestas, no son solamente los documentales de La
2, sino programas, concursos, teleseries… hechas con calidad, en la búsqueda de
un sano entretenimiento.
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Si bien es cierto que
numerosas asociaciones de defensa del consumidor velan a diario por nuestros
intereses, manifestando continuas quejas ante los causantes de este descontento
general, también lo es el que recurriendo a la deontología profesional y a la
ética personal, los directivos de las grandes plataformas televisivas deberían
hacer examen de conciencia para ir poco a poco y desde dentro, cambiando
las aberraciones que actualmente se cometen en el mundo de la televisión.
Errores de cálculo por dinero, que han degenerado en una “Telebasura” que
debería transformarse en “Telecalidad”.
A simple vista la
televisión de hoy es solo entretenimiento, aunque un entretenimiento cada
vez más denigrante. Así que, reflexionemos: ¿Es este es el tipo de
televisión que queremos?; ¿Una televisión sin corazón?... |
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