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Isabel Alamar

LOS NUEVOS COMEDIANTES

Suelo ver pocos programas basura, pero los pocos que veo me llegan al alma y, todo hay que decirlo, me la inundan de tristeza; y es que no puedo evitar que me apene el hecho de ver cómo la gente pone un precio a sus intimidades, y luego cuando les pagan el precio que consideran justo, pues salen y nos las cuentan.

Llegado este momento, en el que consiguen llegar a nosotros a través de gran variedad de programas basura, los periodistas (de poca monta) les critican por ir al plató y airear su vida privada con el fin de lucrarse, lo que aún contribuye más a montar el circo, si tenemos en cuenta que ellos hacen lo mismo, ya que, entre otras cosas, son los encargados de hurgar bien y de aprovechar al máximo cualquier tipo de intimidad, son los culpables de dar mala fama a los buenos periodistas, y también son los responsables de actuar como una especie de sanguijuelas que no se cansan de exprimir a este desfile de pobres “desgraciados” (no desde el punto de vista económico, que seguramente tienen mucho más dinero que todos nosotros, sino desde el punto de vista moral, si es que esta palabra aún significa algo).

Según mi parecer, el precio personal que se debe pagar para conseguir esta fama efímera debe ser muy alto: es, por ejemplo, crear y alimentar a una jauría de lobos hambrientos que nunca tienen suficientes lágrimas ni gritos ni escándalos...; es tener que vivir con un montón de periodistas siguiéndoles a todas partes en busca de primicias, con lo que prácticamente renuncian a su intimidad, un derecho al que nadie debería renunciar. Y es que este nuevo grupo de comediantes, o actores cómicos o tragicómicos, o showmans ya hacen suficiente con amenizar, deleitar y distraer a su fiel público y no están obligados a más.

Lo peor es que con toda esta proliferación de programas parece que se quiera enmascarar la Crónica Negra de España; sí, esa que casi nadie quiere ver porque no gusta, porque no divierte, porque no es bonita, porque no entretiene..., pero que está ahí de todos modos, como el hecho de que cada semana muera una o más mujeres a manos de su pareja, que nuestros jóvenes estén cada vez más preparados, pero no tengan empleo ni opción a una vivienda digna, que nos enfrentemos a un nuevo tipo de terrorismo, etc. Como ya rezaba el aforismo romano: “al pueblo pan y circo”. Bueno, pues, pan no sé, pero circo todo el que quieras.

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