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EL ESTUDIANTE
DE SALAMANCA
Las fuentes en que probablemente se inspira son El
burlador de Sevilla, el mito del estudiante
Lisandro que asiste a sus funerales, y el de Miguel
de Mañara.
Se publica la primera parte en 1836 en el periódico
El español y el resto fragmentariamente
en varias publicaciones. En 1840 se publica la obra
completa. Esa diferencia en el tiempo y la publicación
fragmentaria explica ciertas evoluciones y contradicciones
que nos encontramos.
| ARGUMENTO
Doña Elvira es el hilo conductor del poema,
al principio es el ideal del amor visto
por los ojos del poeta, no de don Félix,
para finalmente pasar a ser la imagen
de la muerte.
PARTE PRIMERA: Es narrativa. Se inicia con
la descripción de Salamanca, de don Félix
y de doña Elvira.
PARTE SEGUNDA: Lírica y epistolar. Doña Elvira
escribe una carta a don Félix.
PARTE TERCERA: Don Félix juega una partida
de dados y lo pierde todo, hasta el retrato
de doña Elvira. El hermano de ésta, don
Diego, le reta por insultar a su hermana.
PARTE CUARTA: Elipsis del duelo. Don Félix
mata a don Diego. Don Félix encuentra
a una extraña mujer tapada a la que sigue
hasta un entierro, y luego a una mansión.
A lo largo del poema doña Elvira se idealiza,
se hace simbólica: el poema es la expresión
de la ansiedad del hombre por quebrantar
los límites temporales y enfrentarse a
Dios. En lugar de ser Dios el que llama
al hombre para darle cuenta de sus hechos,
es el hombre quien se encara a Dios, tratando
de juzgarle, de descubrir su inmensidad. |
PARTE
PRIMERA
Narrativa
y descriptiva. Se inicia con una descripción dentro
del romanticismo lóbrego más típico. Los primeros
versos presentan estos rasgos.
Esta
descripción quiere crear un ambiente de fantasía,
el mismo Espronceda no se decanta totalmente por
la veracidad absoluta de lo que cuenta (verso 2.º,
últimos versos del último canto). La descripción
de Salamanca se interrumpe con la aparición de unos
brevísimos elementos dramáticos a partir del verso
41. Con esos versos aparece el movimiento, con un
corte brusco y radical. Cambia el acento, la mesura,
la rima, versos trisílabos y tetrasílabos. Con esos
versos breves se intenta crear una noción de movimiento
brusco, inesperado.
Después
de la parición de don Félix, se vuelve a la descripción
de Salamanca, esta vez más concreta, de la calle
del Ataúd, y dentro de ella la imagen de una lamparilla
que alumbra una imagen de Jesús, esa lucecilla permite
descubrir al hombre embozado. A esa calle y a esa
imagen volverá el poeta en la parte 4.ª con un Ay,
del muerto retomando la imagen del Jesucristo
imaginado.
La imagen
iluminada permite descubrir al embozado (100-140),
enmarcado entre dos nombres propios, el del primer
verso del retrato (Segundo Don Juan Tenorio) y el
último verso (don Félix de Montemar).
Entre estos versos se describe el retrato de Don
Félix como calavera, bravucón, pendenciero, típico
de la comedia barroca.
Otro
retrato de don Félix, entre los versos 1245-1260,
Parte IV, no coincide exactamente con esta primera
definición, diferencia que se explica por el diferente
tiempo de creación de la obra. En este retrato se
representa casi a la perfección al héroe satánico
y titánico típico del romanticismo. Es el héroe
que se opone al orden divino en lo social y lo religioso.
La I
parte termina con 5 octavas utilizadas para describir
al personaje de Elvira.
- Bella
y más pura que el azul del cielo 140
- con
dulces ojos lánguidos y hermosos,
- donde
acaso el amor brilló entre el velo
- del
pudor que los cubre candorosos;
- tímida
estrella que refleja al suelo
- rayos
de luz brillantes y dudosos, 145
- ángel
puro de amor, que amor inspira,
- fue
la inocente y desdichada Elvira.
Se ha
empleado el romance para la narración descriptiva
, 3 y 4 sílabas para la narración rápida, el movimiento
y los serventesios dodecasílabos para la descripción
de la escena más terrorífica. El retrato de don
Félix en octavillas (ni lento ni rápido). La descripción
de Elvira se realiza con versos endecasílabos, que
resultan lentos, suaves, armónicos.
PARTE
SEGUNDA
Está
dedicada a Elvira. Empieza con una especie de interludio
lúdico en el que se pinta la naturaleza en absoluta
calma, contrastando así con la noche de la parte
I escrita según la imaginería romántica de lo lúgubre.
A partir
del verso 213 tenemos una muestra de la llamada
poesía intimista romántica:
- Adiós
por siempre, adiós...
- Ámame,
no, perdona; inútil ruego
Este
fragmento concluye en el verso 303, y a continuación
comienza la descripción de la locura de doña Elvira:
- Vedla,
allí va que sueña en su locura
- presente
el bien que para siempre huyó;
- dulces
palabras que con amor murmura, 305
- piensa
que escucha al pérfido que amó
- Vedla,
postrada su piedad implora
- cual
si presente le mirara allí:
- vedla,
que sola se contempla y llora,
- miradla
delirante sonreír. 310
Doña
Elvira no se corresponde con la doncella pasiva
tradicional. Hasta el último instante Elvira insiste
en la verdad de su amor y no se arrepiente de lo
que se le podía acusar como pecado: Voy a morir;
perdona si mi acento/ vuela importuno a molestar
tu oído.
El último
fragmento es la epístola o carta de despedida de
Ofelia, escrita en octavas y serventesios.
- "Adiós
por siempre, adiós: un breve instante 411
- siento
de vida, y en mi pecho el fuego
- aún
arde de mi amor; mi vista errante
- vaga
desvanecida..., calma luego
- ¡oh
muerte! mi inquietud... ¡Sola... expirante!
415
- ámame;
no, perdona: ¡inútil ruego!
- adiós,
adiós, ¡tu corazón perdí!
- ¡todo
acabó en el mundo para mí!"
PARTE
TERCERA
Cuadro
dramático en que don Félix juega a los dados.
Las Partes
II y III son un retroceso de la acción que se pasa
a describir.
Se trata
de un fragmento teatral dentro del poema lírico,
que introduce el nudo para que la acción se desarrolle
lógicamente.
PARTE
CUARTA
Comienza
con un diálogo entre una dama que oculta su rostro
y don Félix a la luz de una lamparilla que ilumina
la imagen de Jesús, éste le pregunta tres veces
y le responde otras tres veces.
La narración
empieza siendo real, pero poco a poco todo se va
volviendo incierto, el texto se plaga de adverbios
de la duda (ya, tal vez, o), la misma aparición
del fantasma es incierta, vaga...
Toda
la acción de don Félix se basa en el deseo de saber
quién es esa extraña dama, de tomar a la figura
y ver lo que hay tras el velo. Este deseo viene
dado por la inquietud, propia del romanticismo,
la ansiedad que le lleva a la persecución de la
dama sin percatarse en el peligro en que ha caído,
el descubrirle la cara a su miedo. Es el héroe que
se opone al orden divino en lo social y lo religioso
(741 y siguientes):
- "Dios
presume asustarme: ¡ojalá fuera,
- dijo
entre sí riendo, el diablo mismo!
- Que
entonces, vive Dios, ¡quién soy supiera
- el
cornudo monarca del abismo!"
- Al
pronunciar tan insolente ultraje 745
- la
lámpara del Cristo se encendió,
- y
una mujer velada en blanco traje,
- ante
la imagen de rodillas vio.
Ésta
es la voz de la conciencia que se expresa de diversas
maneras, en primer lugar con un largo gemido que
dura 64 versos (821-884) para amplificar ese sentimiento
de incertidumbre. Ese gemido se hace luego voz de
suave ritmo que se identifica claramente con la
de doña Elvira conocida en el segundo Canto. Doña
Elvira, como voz de la conciencia, amenaza a don
Félix con penas eternas si le sigue. Don Félix,
pertinaz, se niega a reconocer el Más Allá con el
que le amenaza la Dama, dudando de la eternidad,
se aferra al presente, al placer y en consecuencia
su conciencia (la Dama) le conduce al infierno.
Don Félix
no hace caso de los avisos de la Dama (versos 942-1190)
y sigue sus pasos. Se inicia con la caminata describita
con un movimiento vertiginoso y delirante. Empieza
el alucinante viaje entre sombras de espectros,
ecos de muerte. La ciudad deja de ser Salamanca
y pasa a convertirse en una ciudad espectral. El
movimiento rápido está conseguido a través de los
versos rápidos, romances, y por la yuxtaposición.
Los límites de la realidad empiezan a diluirse en
la misma ciudad, salen al campo y allí es donde
realmente se rompen los límites del espacio y el
tiempo:
- Y
una calle y otra cruzan,
- y
más allá y más allá:
- ni
tiene término el viaje,
- ni
nunca dejan de andar, 965
- y
traviesan, pasan, vuelven,
- cien
calles quedando atrás,
- y
paso tras paso siguen
- y
siempre adelante van;
- y
a confundirse ya empieza 970
- y
a perderse Montemar,
- que
ni sabe a do camina,
- ni
acierta ya donde está.
A don
Félix empiezan a fallarle los sentidos, llega a
dudar de la existencia de la dama, si está borracho,
es entonces, como culminación de esa pérdida de
los sentidos, cuando ve pasar su propio entierro;
el momento está muy cuidadosamente graduado ():
- Mas
¡cuál su sorpresa, su asombro cuál fuera
- cuando
horrorizado con espanto ve 1105
- que
el uno don Diego de Pastrana era,
- y
el otro ¡Dios santo! y el otro era él!...
Don Félix
está vivo, y está contemplando algo sobrenatural,
es la primera vez que aparece algo sobrenatural
no explicable por las leyes de la naturaleza: o
bien está realmente muerto y el mundo sobrenatural
es real, o bien está vivo y el mundo de ultratumba
es también real, por lo que lo sobrenatural existe.
En el
romanticismo lo sobrenatural siempre estaba explicado
como efecto de la alucinación de un personaje, aquí
se nos fuerza a creer en lo sobrenatural. A partir
de creer en ese hecho sobrenatural, el lector puede
creer que don Félix va a descender a los infiernos:
Y
la Dama a una puerta se paró, 1197
Aquí
tenemos otro retrato de don Félix, entre los versos
1245-1260, que no coincide exactamente con su primera
descripción, diferencia que se explica por el diferente
tiempo de creación de la obra. En este retrato,
se representa casi a la perfección el héroe satánico
y titánico típico del romanticismo.
- Grandiosa,
satánica figura, 1245
- alta
la frente. Montemar camina
- espíritu
sublime en su locura
- provocando
la cólera divina:
- fábrica
frágil de materia impura,
- el
alma que la alienta y la ilumina, 1250
- con
Dios le iguala, y con osado vuelo
- se
alza a su trono y le provoca a duelo.
- Segundo
Lucifer que se levanta
- del
rayo vengador la frente herida,
- alma
rebelde que el temor no espanta, 1255
- hollada
sí, pero jamás vencida,
- el
hombre en fin que en su ansiedad quebranta
- su
límite a la cárcel de la vida
- y
a Dios llama ante él a darle cuenta,
- y
descubrir su inmensidad intenta. 1260
Franquean
la puerta y entran en un nuevo pasaje que es la
muerte. Se inicia otra larguísima caminata en la
que se agudiza más la idea de la imprecisión y pérdida
de los límites. El tiempo rompe sus límites; la
eternidad de la muerte es un movimiento incesante,
pero sin objetivo, ni avanza ni retrocede, se permanece
siempre en el mismo sitio, es un tiempo muerto que
culmina con la imagen de la escalera o gradería.
Al fin del largo corredor, don Félix sigue a su
guía mientras va bajando una escalera.
La escalera
representa en casi todas las culturas el ascenso
hacia el cielo o el descenso hacia los infiernos,
como aquí. La escalera es el símbolo de la pérdida
de los sentidos. Al caer por la escalera, desciende
a un profundo abismo donde le espera en una estancia
un sepulcro, mezcla de tumba y lecho. don Félix
ve allí su tumba. Se escucha un rumor que va aumentando
poco a poco de volumen hasta convertirse en un ruido
estruendoso producido por las huestes de huesos
de muertos que se van alzando de sus tumbas y acercándose
a su tálamo, utilizando un in crescendo musical.
Se inicia luego un decrescendo simétrico espejo
del anterior.
los principales
versos in crescendo describen la sensación de ruido,
el rumor que provocan los muertos al levantarse.
Luego ese rumor se convierte en un quejido dolorido,
luego en una triste música, hasta que se convierte
en un griterío, en un estallido de dolor.
Los versos
centrales relatan el descubrimiento de la cara de
la Dama (que es una calavera) y a continuación la
unión de la calavera y don Félix (1510 y ss.)
- Y
a su despecho y maldiciendo al cielo, 1510
- de
ella apartó su mano Montemar,
- y
temerario alzándola a su velo,
- tirando
de él la descubrió la faz.
- ¡Es
su esposo!, los ecos retumbaron,
- ¡La
esposa al fin que su consorte halló! 1515
- Los
espectros con júbilo gritaron:
- ¡Es
el esposo de su eterno amor!
- Y
ella entonces gritó: ¡Mi esposo! ¡Y era
- -¡desengaño
fatal! ¡triste verdad!-
- una
sórdida, horrible calavera, 1520
- la
blanca dama del gallardo andar!...
El decrecendo
expresa la imagen de que la vida de don Félix se
va extinguiendo progresivamente cuando llegamos
al último verso son sabemos que don
Félix ha muerto.
- Tal,
dulce 1670
- suspira
- la
lira
- que
hirió
- en
blando
- concento
1675
- del
viento
- la
voz,
- leve,
- breve
- son.
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